lunes, 3 de noviembre de 2014

CAPITULO UNO.

I.

Estas esposas me están lastimando mucho, las siento mas tensas que de costumbre, no sé. Me gustaría que esta celda fuera como en las películas y series insípidas que he visto en la televisión. No sé porque todos me dicen enfermo; rara es la persona que me trata con indiferencia. Algunos se permiten insultarme… tal vez hice mal en degollarlos, pero no me equivoque en amarlos. Dicen que tuve suerte en que me declararan enfermo mental. A mi me gusta admitir que soy una victima más de los celos, pero mi terapeuta, Fabián, dice que va mas allá: que es obsesión; él siempre trata de hablarme con palabras que yo entienda, lo que a veces me hace sentir entupido e ignorante, aún cuando a veces hace que me conciba especial, porque, se supone estoy aquí encerrado, y es por ser un criminal; pero el trato que me da… me hace pensar que pude protegerlo como a los otros. La gente que está encerrada en este mismo sitio parece estar verdaderamente loca: a algunos los he visto reír y llorar como si alguien estuviese con ellos, y me da coraje, yo no tengo a alguien con quien platicar, y más aún, extraño a Carlos. Él era el único que me comprendía y por eso lo salve, él… ¡Cómo lo amo!

Juan, uno de los policías que cuidan las celdas, a veces me da cuenta de su vida; no se diferencia mucho de la mi vecino en aquel edificio donde vivía, a diferencia de que mi vecino, el señor Edgar, le daba flores a su esposa horas después de haberme despertarme a las 3 de la madrugada a causa de los gritos de ella, su mujer siendo por él golpeada. Pese a todo, es agradable charlar con él, pues filosofía me gusta, aún cuando es un homofóbico despreciable, no sé… siento que soy más puro que él. El señor Edgar tiene un hijo precioso; su nombre es Jonathan, y sé que puede sonar extraño y enfermo, tiene 17 años, y eso lo hace más precioso. Es tan parecido a Edwin, mi primer novio. Yo tenía 15 años, él 17. Lo conocí por Internet: tenía el cabello chino, ojos oscuros, era un chico común, pero sus labios, su espalda ancha, todo me cautivaba. Duramos juntos alrededor de 4 meses, puesto que él no esperó a que estuviera listo para tener sexo; no le entregaría mi pureza, no así de fácil. Por ello decidí esperar hasta que estuviera seguro, a mis 20. Creo que estuvo bien.

Aquí viene mi hermana, Hilda; no quiero verla, no quiero hablar con ella. Sé que tiene lastima de mi, y que  siente que todo esto es, en parte, su culpa.  No lo es, ¡Dios!, ni siquiera pensé en mi familia al hacerlo; no entiendo porqué no dejan de llorar, ¡es mi vida!, si se supone que hice algo tan terrible, ¿por qué siguen amándome después de todo esto?. Yo a todos los salve, a todos los amo, y ahora jamás estarán con algún maldito que los ponga en peligro. Aquí viene Juan…

-Gabriel, tienes visita.
-¿Puedo negarme a tenerla? Sé que es mi hermana, pero por favor, no quiero verla, ni a ella, ni a mi madre.
-Puedes, pero sé, como padre que soy, que eso no hace más que más daño. Quizá pueda ayudarte en tu sentencia.
-Sentencia… suena a cien…

-Sal ya Gabriel, lleva un rato haya afuera, te trajo algo.
-Espero que sean chocolates amargos.
-Dame tus manos, no hagas ningún movimiento brusco y camina a mi paso.
-Ahm. De acuerdo, ya vamos.

Salgo de mi celda con estas bellezas en mis muñecas, frías y nada glamorosas, escoltado como si fuese alguien importante: es raro pero me siento bien; al fin algo de seguridad para mí. Oh no, mírenla, ahí está esa mujer chaparrita, bonita, su semblante luce fatal. ¿no a dormido bien?, siento que tengo que sentirme mal.

-Hola hermanito… yo… ay… nunca me imaginé que vendría a verte aquí, no puedo creer lo que hiciste, ¿Por qué?
-Deja de pensar chaparra, me haces sentir mal, Juan dijo que traías algo para mi, ¿son chocolates? ¿Cómo están los monstros?

Aquí viene: saca papel higiénico del bolsillo de  su pantalón… lágrimas, sollozos, temblores, y su maldita lástima, nada de lo que necesito; por favor hermana, deja de amarme tanto.

-Anoche te vieron en televisión, y se emocionaron, no pusieron atención a lo que decían de ti, ¿dime como les voy a contar a mis hijos que su tío favorito es un asesino?
-No lo sé, no he planeado como debas decírselos. Tal vez debes dejar que ellos se den cuenta, jamás lograras que ellos vean las cosas como tus las vez, como yo las veo, o como realmente son; todos tenemos una versión distinta de los hechos, y mi versión es que lo hice por amor.

Me mira con tristeza, con miedo, con dolor, como si no me reconociera; que bueno, no es algo que no me esperara ya. No deja de llorar.

-Ten- dijo, poniendo en mis manos mi libro favorito: El Corredor de Fondo, y continúa- es lo único que se me ocurrió traerte. Sé que te mantendrás ocupado. Le diré a mi madre que cuando venga te traiga los chocolates, yo no podré venir hasta el próximo mes… Sigue llorando, ya, detente.

-Dile que la amo, gracias, dile a mis monstros que los adoro, y en especial a mi Princesa, dile que coma bien, y al loco de mi Pato, dile que haga su tarea y se porte bien…-Vuelve a llorar… ¡mierda!, ¡ya! ¡Detente!- ¡chinga! ¡Ya deja de llorar maldita sea!- le grito, y eso la hace llorar más. Listo, aquí viene Juan; no me puedo despedir de mi chaparra… sigue llorando…

Listo hermana, acabas de hacerme llorar, perfecto, me van a drogar por que no quieren gritos aquí, listo hermana, ¡listo! Juan me mira con coraje y con los ojos a punto de arrojar lagrimas; mas puedes dejar tu lastima en otro sitio y buscar amistad con otro de los locos que estamos aquí. Me lleva de regreso a mi celda, bueno quiero estar solo, pero en silencio, no tanto, esto no me va a ayudar, Fabián me lo advirtió… ¡Dios! no puedo dejar de sentirme mal por mi hermana: verla llorar… no, por favor no, que alguien la borre de mi mente, ¡que borren su imagen triste de aquí!, no quiero escucharla en mi mente, no quiero… ¡ya! ¡No llores más!, ¡no me hagas esto!

Mis gritos logran llamar la atención de Juan, que sale corriendo a con la doctora Mirna: ya se qué va a pasar; me van a dormir. Al menos estas drogas me hacen perderme, aunque no gaste mis energías en desgaste físico, se que mis penas me van a agobiar aunque esté dormido, y quiero que no me castiguen por mantener despiertos a todos los demás locos. Más… ¡No!, no es la doctora Mirna. ¡Es Jessica! No, ella no, ella me odia, ¡Realmente me odia! Sé que quiere matarme, sé que ella no me quiere, ella es mala, ¡No! me va a hacer daño, lo sé.

-¡A ver, cabroncito! Si fuiste muy carbón para matar a esos 4 muchachos, vas a ser carbón para aguantar todo esto; es hora de dormir y no nos vas a echar a perder la noche. ¡A dormir, putito!
-¡NO!, ¡nnnn...no! ¡Déjame! ¡Tú no me toques! ¡NOOOOOO!

Lucho, forcejeo una y mil veces mas, no, suélteme… ella me va a castigar…no. Siento que me cuerpo pierde fuerzas; esta maldita mujer me inyectó alguna droga. ¿Por qué me odia tanto? Jamás le he hecho daño, no a ella. Siento un sueño muy pesado. Maldita… todo se desvanece, no quiero…

* * *

¿Estoy soñando? Mi hermana; ella… ¿Qué hace aquí? Estoy parado frente a una mesa, a la entrada de un cuarto parecido al que me llevaron cuando llegué aquí, todo está pintado de un blanco deslumbrante; mi hermana me mira raro, no esta molesta, ni tampoco triste; tiene una mirada extraña, como si fuera una lunática; se ríe.

-Hola hermanito, ¿qué tal tus vacaciones por aquí?
-No tan agradables, aunque al menos puedo dormir más la cuenta, y Fabián es lindo…
-Todo esto es tú culpa, mi madre está maldita desde que tú naciste, eres una basura, ¿lo sabes?

Se me congela la sangre de escuchar eso. Mi hermana, ella, mi propia sangre: la persona que me crió desde que era un niño, fue ella quien ha dicho eso.

-Yo, no sé… ¿Por qué me tratas así? -se me quiebra la voz y casi siendo como se desliza una gota por mis mejillas- ¿te avergüenzas de mi?
-¡Si!, ¿como podría sentirme orgullosa de mi hermano?

Con una voz casi audible me desintegro y exclamo: -Perdón; yo, solo… no quería esto… -Entre tanto, ella ríe de una manera diabólica: me bofetea, me tira al suelo y entre risas me escupe.

-Así es como te trataré de ahora en adelante, así es como debimos educarte; me das vergüenza, maldito homosexual criminal. –Y Sigue riéndose. Esto es justo… Creo que es justo. No, ya no lo quiero; hermana, déjame en paz, ya tengo mucha culpa encima.

Súbitamente despierto: mis extremidades están atadas todas con cuerdas que parecen ser demasiado resistentes; tengo la cara empapada de lágrimas, estoy sudando. Grito, quiero que me liberen, que algo me libere. Quiero que me dejen morir, por favor. ¡Déjenme morir!... quiero morir. El cuarto es todo color blanco, como todos los que hay en este lugar: comienzo a aborrecer el color blanco. No sé porque, pero me siento como Doug en prisión después de la muerte de John, en Para Siempre de Eric Jourdan: mátenme, solo así me sentiré mejor. Se abre la puerta, ¡es la doctora Mirna! Por fin, gracias.

-Buenas tardes Gabriel, espero que se sienta mas tranquilo, ha dormido muchas horas más, lo he estado observando. ¿Cómo se siente?
-Pendejo, inmovilizado, como un mártir; feliz, y a la vez triste. ¿Me sacarán de aquí?
-No por el día de hoy. Pero ya no te dormirán con drogas, aun que debes continuar con tu tratamiento. Aquí está la risperidona y la sertralina; tomate ambas, y si no puedes dormir, supongo que sabrás llamar la atención,  ya sabes que pasará.

Ella se toma un tiempo para liberarme de las cuerdas; mis muñecas y tobillos estas un poco heridos, aunque menos que aquella ocasión en la que me trajeron. Al menos ella me trata bien, al igual que Fabián. Necesito encontrar respuestas, necesito sentirme bien, hace mucho que no escucho música, y creo que me volveré loco si no escucho Claro de luna, The medow, o Sweep, ¿Dónde está toda mi música? ¿Ya estoy enloqueciendo?

-Doctora Mirna… ¿Dónde está mi libro… El Corredor de Fondo? Me lo trajo mi hermana ayer. Necesito leerlo.
-Lo tengo yo. En cuanto lo autoricen, se lo daré, Gabriel. Sea paciente por favor: todo está en su contra y es mejor que coopere, no puede esperar a que todo esté tranquilo después de tan solo cuatro asesinatos.
-No, supongo que no. Cuide ese libro, es mi primera joya.

Patricia Nell Warren hace que mi mundo sea más llevadero, desde que la leí por primera vez; me hizo creer que existe esto, el amor, me hace viajar: Billy Sive y Harlan Brown tiene una relación que muchos gays quisiéramos tener, pero la muerte de Billy es súbita e inesperada. Se alguna manera, uno espera siempre un final feliz ignorando que el mundo nos pisotea. La puerta se abre y cierra, entran las enfermeras a revisar que me tome las pastillas, y a preguntarme si los dejaré dormir, amenazándome con la jeringa, claramente no quiero una visita de Jessica. Al menos no tengo que pedir que me alimenten; esta gente no olvida que como ser humano, tengo necesidades como comer, dormir, y defecar. Supongo que tengo más cuidados del que un bebé tiene. Y a veces me pregunto si en verdad soy un criminal, pues sé que estoy aquí cumpliendo una condena, pero me siento protegido: casi no me insultan, Fabián me defiende, la doctora Mirna me cuida, y las enfermeras… bueno, ellas son tajantes conmigo; solo cumplen con su trabajo, y yo me alegro de que a ellas no tengo que darles explicaciones.

Se abre la puerta de nuevo… ¡es Fabián! el bello, ¡si!...

-Angel Gabriel: llevo una semana sin verte; y ya van tres ocasiones que se cancelan tus citas. Debemos retomarlas. La doctora Mirna me ha entregado esta belleza la semana pasada, debo admitir que me atrapó de inmediato, me comentó que tu lo llamas tu primera joya, y he comprendido porque ¿El amor de Harlan y Billy es el mismo que sientes tu por Carlos, Ricardo y Salvador?... Porque si es así, déjame decirte que es profundo, puro, pero te pusiste del lado del francotirador.

Tiene mi libro en las manos, con hojas y notas entre páginas. Seguramente vio las frases que subrayé… espera, ¿Yo el francotirador?, yo no odiaba a ninguno de mis amores, son mis joyas, siempre serán míos, no los dañé.

-Hola doctor, dígame por favor que ya me sacarán de aquí: mi cuerpo me duele, no puedo mas estar aquí encerrado, me estoy volviendo loco en caso de no estarlo, y si así no lo fuere, créame que me torno aún más. Billy, Harlan… si, eran perfectos… y tal vez mi amor es más fuerte, y es por eso que nadie me los pudo arrebatar.
-Gabriel, ¿Podrías decirme tu significado de la palabra amor?...
-¿Podría explicármelo usted?, todos dicen que yo estoy mal, que mi concepto está distorsionado…
-Tal vez, por ahora, sí Ángel. Vas de regreso a tu celda, son las 09:00 am. Te veré en mi consultorio a medio día, y la doctora Jessica me hará el favor de recogerte; tu terapia será un poco desgastante, así que me tome la liberad de pedir que se te alimente e hidrate bien: necesitamos ayudarte, para saber el porqué de tus actos. Vas a estar bien.
-¡No por favor! La doctora Jessica no, ella me odia, me quiere ver muerto.
-Tranquilo Angel, los únicos que te quieren muerto son los familiares de los asesinados… y no los juzgo; pero tampoco a ti. Créeme estoy de tu lado, pero las leyes son así. Jessica no te hará daño alguno, es una profesional, y aquí estamos para protegerlos…
-Todo menos Jessica ¿Por qué no le pide a la doctora Mirna que venga? Ella lo hará sin chistar. Ella, por favor… ¡O cualquier enfermera!

Y de la nada mi voz se quiebra ante su semblante con el cual se da cuenta; me mira con lástima y preocupación. Dime que cambiarás de decisión…- por favor Fabián…

-Vamos a tu celda, no quiero otro escándalo. Estarás bien, te lo prometo.

Me ayuda a levantarme, me tranquiliza, él siempre sabe cómo hacerme sentir mejor, con él me siento completo; me conoce y sé que no me teme, sé que no me hará daño, resuelve mis dudas, y es la única persona que se ha reído conmigo y no de mí. Creo… no, debo ser fiel a Carlos, a Ricardo y a Salvador… a mis hermosos.

Ya estoy fuera de este encierro, voy escoltado por Juan, por Fabián que está a mi lado derecho, y por otros tres guardias: pasillos, rejas, miradas, estoy descalzo; hace frío, hoy no hay visitas, hoy me dejaran tranquilo, hoy algo viene, hoy… Fabián dice que habrá avance.


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